domingo, 16 de septiembre de 2012

· DE TAL PALO, TAL ASTILLA (O “El perro de Frankenstein”)




Somos responsables de lo que domesticamos - Antoine  Saint Exupery

La proliferación de las razas caninas consideradas “peligrosas” es tan sólo una faceta más de la responsabilidad que cabe al ser humano respecto de los animales que tiene a su cuidado.
En los últimos años los accidentes provocados por ataques caninos, muchos de ellos fatales, han crecido en forma proporcional al número de animales de estas razas que aparecen en los hogares. Ante estos hechos nunca faltan las voces que se levantan exigiendo “castigo a los culpables”, recargando las tintas sobre el perro, cuando a quien debe señalarse es al verdadero responsable: el Hombre.
Esta situación es producto de una combinación explosiva: Falta de regulaciones adecuadas, incumplimiento de las existentes, proliferación de “fabricantes de perros” en desmedro de los criadores responsables, y un marcado incentivo para la compra de perros que “imponen respeto” por parte de personas que no sólo carecen de una mínima capacidad para manejarlos, sino que ni siquiera saben que clase de animal están llevando a su casa.
Como si esto fuera poco, se comete el disparate de imponer responsabilidades propias de seres humanos sobre las espaldas de un animal, mientras que por otra parte, cuando este escapa a nuestro control (cosa previsible como pocas, por cierto), resulta muy conveniente disponer de un chivo expiatorio adecuado que nos libere de culpas. 
Quien crea que este problema se resuelve por medio de la eutanasia o de la prohibición de cría de tal o cual raza comete un grosero error de apreciación. Son la motivaciones del Hombre las que generan estas situaciones y las que debemos analizar y sacar a la luz porque, de lo contrario, encontrarán más temprano que tarde alguna otra forma de manifestarse.
La solución dista de ser fácil o “milagrosa”. Mientras no se verifique un profundo cambio en la forma en que nos relacionamos con nuestros semejantes y el resto de los seres vivos, las cosas sólo pueden empeorar.

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ANDY Y SIDDHARTA (Por Daniel Paz - www.danielpaz.com) 



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